Sobre el honor y sus medallas en la Historia Antigua

24 09 2007

MonedasTodos nos hemos preguntado alguna vez de qué pasta estaban hechos aquellos hombres que asediaban castillos y murallas, expuestos a flechas, aceite hirviendo, caídas horribles desde decenas de metros, rocas arrojadas hacia su cabeza protegida sólo con un fino casco metálico… La valentía, el honor y la rudeza eran habituales en los corazones de aquellos guerreros. Los actos heroicos no eran casi considerados como tal, a menos que supusiera algo por encima de lo “normal”. Y la pregunta que tenemos a continuación es bastante clara: hoy en día, ¿quién es el guapo que se acercaría primero a una muralla? Está claro que es el que más posibilidades tiene de recibir flechazos, pedradas, la ración de aceite correspondiente. Cuando menos, podría subir por una escala lanzada al efecto hacia la muralla, donde varios fieros guerreros le esperaban espada en mano. O sea, todo un lujazo de trabajo, vamos.

 

Pues bien, las huestes romanas eran bien conocidas por su arrojo y valentía, y en estos temas no iban a ser menos. Aún así, la valentía “extra” de aquellos que dejaban el miedo a la muerte atrás y se lanzaban a pecho descubierto a ese “murito”, recibían lo que se llamó “corona muralis” o la corona del muro en su traducción al castellano. Así, el emperador otorgaba esa distinción al valeroso guerrero que se atreviera con todos aquellos peligros. Estaba realizada en oro, representando unas torres como símbolo del logro. Pero esta condecoración, dado su alto valor en la carrera militar, no se concedía así como así, sino que era entregada tras un intenso estudio del caso en particular para evitar posibles “fraudes militares de honor”.

 

Lo que no sabemos es si los que obtenían esa condecoración la tenían aun estando vivos, ya que sería bastante complicado salir bien parado de esa situación de riesgo extremo. Y si así hubiera sido, aún tenían toda una batalla por librar, así que… va a ser que la medallita saldría algo cara al final.

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