Vida y obra de los caramelos: una dulce historia

26 09 2007

Caramelos¿Quién no ha comido alguna vez un caramelo? Madres de todo el mundo han tenido que sufrir terribles pataletas de sus hijos por preferir un caramelo a esa rica comida de acelgas con garbanzos que con tanto cariño y esmero le tienen preparada. Cuando eres pequeño el dulce manda… y mucho. “No aceptes caramelos de extraños”… ¿Por qué los supuestos camellos nunca han puesto su “dosis enganchadora en sándwiches mixtos? Pues porque para un niño es mucho más atractivo un dulce que algo con menos azúcar que un bidón de cemento.

 El caramelo como concepto ha existido desde que el hombre es hombre, aunque no de la forma y sabor que conocemos ahora. En la antigüedad, al preparar un viaje era casi indispensable hacer una pasta de pulpa de fruta y cereales que se moldeaba para darle forma. Eso es lo que servía para dar vigor y resistencia a los que se aventuraban en largos periplos por aquellos pedregosos caminos del pasado. Pero… ¿y el azúcar? El descubrimiento de usar azúcar como base de elaboración de esas pequeñas exquisiteces culinarias vino de la mano de la India. Ahora bien: ¿por qué los caramelos se llaman “caramelos” y no “zurripanes”? Pues la culpa la tienen los romanos, como de otras muchas cosas. El azúcar sale (en gran parte) de la caña de azúcar o canna melis, en su versión latina… de ahí a “caramelo” no es difícil de imaginar.  Pero durante siglos, el caramelo estuvo sólo reservado para aquellos que podían permitírselo, ya que era considerado uno de los más exquisitos artículos de lujo.

Pero llegamos al siglo XIX, cuando en Estados Unidos se comenzó con la producción industrial del caramelo, lo que abarató los precios, acercándolos a todos los estratos y bolsillos de la sociedad. Con esta base podemos hacer un repaso de toda la gama de golosinas existentes: el chicle (surgido gracias a la adaptación de la costumbre de masticar savia de abeto solidificada para calmar la sed), las pastillas de tipo “Juanola” (creadas por un farmacéutico barcelonés como remedio casero para la tos) o los “Chupa-Chups” (surgidos de la simple y revolucionaria idea de añadir un palito para sujetar la bola de caramelo). 

Todos sabemos cómo son los caramelos, pero pocos son los que se paran a pensar desde cuándo hemos disfrutado de este pequeño tentempié dulce y reconfortante, que está siendo relegado a las bocas de los pequeños. Hubo un día que servía para aguantar los tremendos esfuerzos físicos, así que la próxima vez que vayáis a hacer algún viaje, algún trabajo duro o simplemente cuando estéis aburridos viendo la tele… coged esa bolsa de caramelos que tenéis olvidada y coged uno, no os arrepentiréis.

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Sobre el honor y sus medallas en la Historia Antigua

24 09 2007

MonedasTodos nos hemos preguntado alguna vez de qué pasta estaban hechos aquellos hombres que asediaban castillos y murallas, expuestos a flechas, aceite hirviendo, caídas horribles desde decenas de metros, rocas arrojadas hacia su cabeza protegida sólo con un fino casco metálico… La valentía, el honor y la rudeza eran habituales en los corazones de aquellos guerreros. Los actos heroicos no eran casi considerados como tal, a menos que supusiera algo por encima de lo “normal”. Y la pregunta que tenemos a continuación es bastante clara: hoy en día, ¿quién es el guapo que se acercaría primero a una muralla? Está claro que es el que más posibilidades tiene de recibir flechazos, pedradas, la ración de aceite correspondiente. Cuando menos, podría subir por una escala lanzada al efecto hacia la muralla, donde varios fieros guerreros le esperaban espada en mano. O sea, todo un lujazo de trabajo, vamos.

 

Pues bien, las huestes romanas eran bien conocidas por su arrojo y valentía, y en estos temas no iban a ser menos. Aún así, la valentía “extra” de aquellos que dejaban el miedo a la muerte atrás y se lanzaban a pecho descubierto a ese “murito”, recibían lo que se llamó “corona muralis” o la corona del muro en su traducción al castellano. Así, el emperador otorgaba esa distinción al valeroso guerrero que se atreviera con todos aquellos peligros. Estaba realizada en oro, representando unas torres como símbolo del logro. Pero esta condecoración, dado su alto valor en la carrera militar, no se concedía así como así, sino que era entregada tras un intenso estudio del caso en particular para evitar posibles “fraudes militares de honor”.

 

Lo que no sabemos es si los que obtenían esa condecoración la tenían aun estando vivos, ya que sería bastante complicado salir bien parado de esa situación de riesgo extremo. Y si así hubiera sido, aún tenían toda una batalla por librar, así que… va a ser que la medallita saldría algo cara al final.