El arte del robo, robos con arte

10 04 2008

Siempre me han gustado las películas de robos de guante blanco. Cuando un ladrón se sirve de técnicas al más puro estilo de “Ocean´s Eleven”, “El Golpe” o “Nueve Reinas”, tienen toda mi admiración guardadita en el bolsillo. Lejos de hacer apología del robo, lo que sí nos interesa es la vertiente artística del mismo. En la Historia hay numerosos casos que son dignos de admiración por la elegancia, rapidez, dificultad o grandiosidad del robo.

No hablamos de hechos como el de aquel ladrón que, en el Puerto de Montevideo, robó todos los camarotes con los pasajeros durmiendo adentro, pero no gracias a su pericia silenciosa, sino a que los drogó a todos con un potente narcótico obtenido de un hongo. Esto no revela ningún mérito por parte del que “pide prestado de forma indefinida”, sino que tan sólo pone en práctica una serie de conocimientos que le sirven para llevarse todo lo que pillen por delante. Los casos a los que nos referimos son aquellos en los que la inteligencia son el arma más poderosa para el engaño, o bien cuando el robo es tan espectacular que no queda otra opción que quitarse el sobrero ante el malo.

Al hilo de esto, queremos reseñar un robo que tuvo lugar a finales del año pasado y que, por increíble que parezca, se hizo, y muy bien. Tuvo lugar en Hungría, donde un grupo de ladrones (al menos eso creen las autoridades, aunque de ser uno sólo sería aún más sorprendente) se dirigieron a una playa artificial cerca de Midzentas (la playa se colocó a orillas del río) para llevárselo todo: hamacas, sombrillas, tiendas, casetas de madera… pero no contentos con eso, también arramplaron con la arena.

Como es lógico, el invierno obligó a los responsables de la playa a que se cerrara por motivos obvios, aunque no sabemos lo que se tardó en completar el robo, puesto que creemos que no debe ser fácil llevarse 6000 metros cúbicos de arena.

La pregunta natural que surge es ¿para qué quieren una playa? Quizás fuera un encargo de algún ricachón que quiso una playa a miad de precio, pero habría que pensar que puede que el motivo se nos escape de las manos… puede que, simplemente, el robo sea el fruto de una absurda apuesta. Esta afirmación no es a la ligera, ya que todos conocemos alguna apuesta en la que se ha demostrado “valor”, “honor” o similares a través de apuestas estúpidas.

Éste es sólo un ejemplo de lo que somos capaces de hacer en algunas circunstancias, pero existen muchas otras que no son conocidas públicamente y merecerían serlo. Así pues, en un futuro no lejano puede que incluyamos una sección sobre estos robos donde lo de menos es el delito, sino que sólo importa “qué”, “cómo” y “cuándo”.

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3 responses

11 04 2008
itrejo

Me acordé de Arsenio Lupin y claro esta de los comics mexicanos al inigualable Fantomas “la amenaza elegante”.

Saludos

12 04 2008
Neurotransmisores

Hay gente que roba por afición.

Saludos.

4 05 2008
tata

Como diria el torero “hay gente pa to”. Si yo te contara….

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