Sobre los “apuntes de apoyo”

2 01 2008

Chuleta tðica de boli tipo “bic”En esta ocasión vamos a abordar un tema que preocupa a muchos, incomoda a otros y, por lo general, divierte al respetable: se trata del arte de copiar. Esta Ciencia/Arte es milenaria. Ya me imagino a algún hijo de un patricio romano con una tablilla de madera escondida en su toga para copiar la segunda y tercera declinación.

Cierto es que, con el paso del tiempo, las chuletas han ido avanzando hasta el punto de ser sustituidas por ingenios electrónicos que “ayudan” a resolver los enigmas de los exámenes con una “pasmosa” facilidad. No nos referimos a las notitas en móviles o similares (aunque ya se pueden ver exámenes en los que se advierte expresamente que no se  podrá tener/manejar teléfonos móviles durante la realización de los exámenes) sino a verdaderos sistemas de escucha equivalentes a los utilizados por los espías de las películas. He leído una simpática noticia sobre dos chicos que tuvieron un pequeño percance con uno de estos aparatos, los cuales iban injertados en la oreja y tuvieron que ser operados para aliviarles del “cacharro”.

Pero lejos de estas cosas, también encontramos bolígrafos de tinta invisible que se revela con tan sólo pasar un haz de luz negra por encima, chuletas “autoenrollables” escondidas en lápices, gomas de borrar que ya traen impresas fórmulas matemáticas difíciles de recordar… Pero claro, también tenemos las clásicas, las de pedacitos de papel escondidas en el dorso de la mano o la escritura a bolígrafo bajo la manga de la camisa. Quizás, la más curiosa que he visto fue una que consistía en un pedazo de papel (plastificado) con un pequeño agujerito a través del cual pasaba una goma elástica que estaba colocada bajo la axila del “copiante”. La idea era tener una forma rápida de soltar esos “apuntes de apoyo” en caso de emergencia sin que el profesor se diese cuenta. Pero la realidad fue bien distinta: imaginad el silencio del examen. Ni que decir tiene que sólo los más “allegados al chaval (cuyo nombre me reservo por razones evidentes, y más que nada porque ahora es un respetable miembro de nuestro Cuerpo de Guardia Civil y no queda demasiado bien decir esas cosas) sabíamos de la existencia de la invención. En el momento indicado, sacó a través de su brazo la chuleta, estirando al máximo la goma, con la mala suerte de que se le escapó de entre los dedos, yendo a parar (efectivamente) a su axila.

Sólo puedo recordar con una sonrisa ese chasquido seco seguido de un sollozo acallado y los espasmos violentos del chaval, además de las risotadas de todos nosotros… pero lo curioso es que el profesor no se dio cuenta.

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2 responses

7 01 2008
kissu

Y cuando no tenías que sacarlas porque ya te la shabías aprendido de memoria, ese estrés que te quedaba por si te pillaban en posesión de ellas sin haberlas usado…

21 09 2009
Apuntes y chuletas

En noestudies.com venden los bolis de tinta invisible estos…

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